Pronunciamiento del WGC en Solidaridad con Venezuela y por la Soberanía en Latinoamérica y el Caribe
Desde la Constituyente de Mujeres y Género, nos manifestamos enfáticamente contra el imperialismo y su violenta intervención militar y financiera. No olvidamos los ataques de Estados Unidos contra el pueblo venezolano, y reiteramos nuestra solidaridad internacional.
Las recientes acciones de Estados Unidos no pueden justificarse bajo el discurso imperialista impulsado por el gobierno de Donald Trump de “defensa de la democracia” o “lucha por erradicar el narcotráfico”. Desde una mirada feminista y antiimperialista, reconocemos la continuidad de un proyecto de desestabilización, ocupación, exterminio y dominio colonialista que históricamente ha utilizado a Latinoamérica y el Caribe como territorio de extracción, control y sacrificio al servicio del poder corporativo.
Rechazamos las continuas sanciones económicas unilaterales, los bloqueos financieros, la asfixia comercial, el intervencionismo y las narrativas de criminalización por parte de Estados Unidos, normalizados por países del Norte Global y por la ultraderecha de nuestra región. En Venezuela, así como en otros países, las medidas coercitivas unilaterales han tenido efectos documentados que han profundizado las barreras de acceso a alimentos, medicamentos y servicios esenciales, como la salud y la educación — todas vitales para avanzar hacia sistemas cimentados en los cuidados. Estas restricciones han profundizado las desigualdades de género, las injusticias económicas y las cargas de cuidado que históricamente recaen sobre las mujeres, disidencias sexuales, infancias, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas.
El despojo no es abstracto en el cuerpo-territorio: los territorios que se disputan también son cuerpos que se enferman, migran forzadamente, cuidan en condiciones precarias o son usados como moneda de presión política. La lógica imperial trata a los territorios como recursos y a las personas como daños colaterales. Esta misma lógica se expresa en la disputa por el petróleo, la biodiversidad, los minerales catalogados como estratégicos para unos pocos, donde el interés geopolítico se impone sobre el derecho de los pueblos a decidir su propio modelo de vida.
Los ataques contra Venezuela representan una flagrante violación del derecho internacional y un atentado contra su integridad territorial, su soberanía y el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano. Asimismo, constituyen una vulneración grave del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política de los Estados. Esta intervención no se limita a un solo país de la región, sino que configura una amenaza a la seguridad global, a la igualdad soberana y a la libre determinación de los pueblos, hace parte del continuum de los genocidios en Palestina, Sudán, Sáhara Occidental, entre muchos otros territorios.
Ante este panorama, resulta impostergable una transformación estructural del sistema multilateral que responda de manera efectiva a los desafíos de gobernanza global y a los intereses de las mayorías, y no a los de las corporaciones transnacionales. Evadir las causas estructurales de las múltiples crisis mediante compromisos vagos, soluciones corporativas y discursos retóricos constituye una afrenta directa a los pueblos del mundo. La intervención criminal contra Venezuela y los ataques consecuentes al orden internacional evidencian la urgencia de desmantelar las asimetrías de poder, la captura corporativa de las decisiones políticas y los mecanismos de acumulación concentrada de riqueza.
Desde el WGC hacemos un llamado a que los esfuerzos de la iniciativa ONU80 respondan a la realidad del Sur y no a los intereses corporativos que perpetúan el imperialismo. Es momento de avanzar hacia una transformación sistémica en la que prime el cuidado y no el capital. En esta misma línea, hacemos un llamado a todos los Estados Miembros para escalar la candidatura de un/a Secretario/a General que esté comprometido/a con el multilateralismo y los Derechos Humanos, así como para mantener la promesa de priorizar candidatas mujeres.
Rechazamos con firmeza cualquier forma de intervención imperialista que profundice el sufrimiento de los pueblos y limite su autodeterminación. La salida a las múltiples crisis que afrontamos no puede venir de sanciones, bloqueos, formas de gobernanza tuteladas, ni amenazas externas, sino de procesos soberanos y democráticos.
Hacemos un llamado a la comunidad internacional, en particular a los gobiernos y organizaciones del Norte Global, regiones donde se concentra el poder, a desafiar la lógica imperialista y su establecimiento, y a abogar por el respeto a los derechos humanos colectivos.
En un contexto regional donde resurgen discursos autoritarios, negacionistas y ultraconservadores, es clave sostener una posición clara: no hay justicia climática, social ni de género bajo el imperialismo. Defender a Venezuela frente a las agresiones externas es también defender el derecho de nuestros territorios a existir sin ser permanentemente disputados por intereses ajenos a la vida.